por Daniel Villalobos. Hace 9 meses

Y un día Dios creó a Brigitte bardot. Y creó (sin quererlo) lo sexy, lo sensual, lo maliciosamente femenino. Y el hombre entonces la llevó al cine, el cine la llevó al mundo, que se enamoró aún más del cine y de ella.

Fue declarada “la encarnación misma del pecado” en 1958 por el mismísimo Vaticano.

Fue amada, odiada, fue portada de la revista Elle con apenas 15 años, fue y posó descalza con un peinado despeinado, en el Festival de Cannes, sedujo a todo Hollywwood.

Fue cantante, mito erótico, protectora de los animales, la más asediada por la prensa, la más retratada, la rebelde, la xenófoba, la mujer a la que De Gaulle, en 1968, propuso como modelo de la alegórica Marianne, símbolo de la República Francesa.

Fue esposa de cuatro celebridades, fue amante de infinidad de hombres a tal punto que no puede contestar porque “la lista es larga y cada uno de ellos me ha enriquecido”,

Fue inspiración para la famosa canción erótica Je t’aime; mois non plus, fue perfume, protagonista de cientos de anuncios publicitarios, ufff!! todo eso que hoy parece mucho para una mujer, ella lo hizo en aquellos tiempos en los que filmaba Fellini.

“Empecé siendo una pésima actriz y eso es lo que he seguido siendo, una pésima actriz” proclamó Bardot en un arrebato de autocrítica mientras aún era una flamante estrella a la que algunos críticos alababan pero a la que la mayoría repudiaba, a pesar de su innegable belleza.

Desde hace casi medio siglo, vive recluída en su mansión de Saint Tropez, en el sur de Francia, con más de 1.000 animales abandonados y, desde entonces, recela de la prensa.

Acerca del Autor

Daniel Villalobos

Publicitario. Trabajó en varias agencias de Buenos Aires para marcas internacionales. Actualmente es redactor en FiRe Argentina.

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