por Redacción . Hace 1 año

Con más del 97% de las mesas escrutadas, Mauricio Macri dio un batacazo que cambia la escena política argentina. Algo que ninguna encuestadora logró pronosticar y se quedó a muy poco de ganarle a Daniel Scioli, el candidato oficialista apoyado (apoyado?) por Cristina Kirchner. La diferencia es de poco más de dos puntos, cuando la mayoría daba por descontado un triunfo oficialista en primera vuelta por una diferencia de 10 puntos.

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Pero lo que logró Cambiemos (el frente integrado por el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica) fue más que un empate técnico: lo de ayer a la noche es la confirmación de que el Kirchnerismo no es imbatible y, para ellos, que no son inmortales. Se trata de un triunfo enorme, sobre todo psicológico.

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Macri se convierte así, en el favorito para transformarse en el nuevo Presidente de la Argentina, lo que supondría un giro de 180º después de 12 años de Kirchnerismo puro, controlador, omnipresente. La victoria de Macri, además, traerá consecuencias regionales muy importantes porque el movimiento liderado por el matrimonio Kirchner fue un puntal importantísimo de la izquierda latinoamericana que construyeron junto a Lula Da Silva, Hugo Chávez, Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa. Todos estos, émulos del régimen castrista al cual vieron como un faro a seguir. Así le fue a la mayoría de los países, salvo contadas excepciones (no sabemos cuál aún).

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En paralelo, el peronismo sufrió otra derrota dramática, tal vez más vergonzosa que la primera: el Jefe de Gabinete de Ministros Aníbal Fernández perdió la provincia de Buenos Aires en manos de la candidata del macrismo María Eugenia Vidal. una política desconocida hasta hace poco tiempo. Una mujer que tendrá la dura responsabilidad de gobernar un territorio dominado en su mayoría por los barones del conurbano bonaerense. Con esto se rompen varios mitos a la vez: primero, que el único partido capaz de gobernar es el peronismo y segundo, que una mujer no tiene los cojones para enfrentarse al poder. Tal vez Cristina Kirchner esté maldiciendo haber sido ella misma quien abrió esta posibilidad en el país.

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La sensación de desolación en el Luna Park, la sede del comando electoral del Kirchnerismo, era absoluta mientras avanzaba la noche. “Nos engañaron los encuestadores, los gobernadores, todos. Ahora hay que cambiar la estrategia”, se lamentaba uno de los dirigentes ubicado en la zona VIP del palacio de los deportes. El VIP fue el lugar elegido por la farándula, aquellos famosos que siempre acompañan a Scioli y que huyeron apenas se empezaron a conocer los inesperados resultados. Resonaba en el ambiente una frase letal: “El Luna Park sigue siendo el lugar de los grandes Knock Out de la historia”.

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La noche electoral comenzó a teñirse de sospechas ya que el Gobierno retrasó la publicación de los datos oficiales durante seis horas (sí, 6 interminables horas), lo que generó todo tipo de especulaciones. Cuando los publicó a medianoche, se entendió por qué los estaba retrasando: con el 60% de las mesas escrutadas, Macri ganaba por el 2% de los votos y comenzaba la explosión en las redes sociales. Pero, sobre todo, la sensación de que el Kirchnerismo ya no era más invencible. Obviamente, Daniel Scioli había dado su discurso de aceptación/ no aceptación de la derrota. Y al momento de comenzar a mostrar los resultados, estaba abordo de su helicóptero rumbo a Villa La Ñata en la localidad de Tigre. Lugar donde reside y ostenta orgulloso un museo de celebridades, entre las cuales se encuentran estatuas de Ricardo Montaner y los Pimpinela. Así estamos.

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“Lo que ha ocurrido hoy cambia la política de este país”, dijo un Mauricio Macri eufórico, desde su bunker ubicado en Costa Salguero, el centro de convenciones ubicado a orillas del Rio de la Plata, repleto de militantes del PRO, desde donde Macri aprovechó para lanzar su campaña de cara a la segunda vuelta y para pedirle a los votantes de todos los candidatos opositores (incluso a los de Scioli), que se sumen a la Argentina del cambio. El sabe muy bien que si logra seducir a una parte del 65% del electorado que no votó al kirchnerismo (y que tal vez nunca lo votaría), puede ganar en segunda vuelta. Mientras que Scioli tendría que hacer un volantazo tan grande en su discurso que pondría en juegos hasta sus propios votos. Para peor, su enemigo es el tiempo.

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Luego de 12 años de Kirchnerismo, se viene el primer Ballotage de la historia de la Argentina. Y con eso, el reinicio de una forma de hacer política, el reinicio de una era, un cambio que muchos y pocos esperaban. Donde se enfrentan dos modelos liderados por un candidato incómodo para el mismo Kirchnerismo, versus un político que se creó a sí mismo, que inventó un partido político de la nada y hoy está viendo los frutos de aquel sueño. Ambos, decidirán el futuro de la Argentina y de la izquierda latinoamericana unida que tanto soñaron los presidentes de este continente.

Ganó el cansancio.

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