por Editorial . Hace 7 meses

El acuerdo por la paz naufragó, antes que nada, por la división que existe entre dos bandos. Una división que supera a la guerra misma. Por un lado tenemos a un ególatra que lleva años anteponiendo su enorme deseo de venganza, a la necesidad de la misma gente que alguna vez lo llevó a la Presidencia de su país. No estamos hablando de vengar la muerte de su padre, sino de su anterior Ministro de Defensa y ahora acérrimo enemigo. Desde su cuenta de Twitter, Uribe se ha ensañado contra el gobierno y ha pasado de una batalla ideológica a una personal.

santos-uribe-fn1Foto vía: zonacero.com

Aunque Juan Manuel Santos no tiene nada de santo. Pero sí de inocente. Es que sólo él podía pensar que daría vuelta la página de una guerra sangrienta que azotó al país durante más de 5 décadas, de la mano de un Dictador cubano y un oportunista venezolano, cuyo principal objetivo era custodiar a un grupo de guerrilleros (por no decir asesinos) necesitados de fueros. Aquí está el punto. Tenga o no razón Alvaro Uribe Vélez, un poco más del 50% de los colombianos se opusieron a un acuerdo manchado de sospechas. Claro que molesta, que frustra. Pero tiene lógica.

santos-uribe-fn2Foto vía: lapatilla.com

Pero a no desesperar. La verdadera paz está en marcha desde hace años, de manera silenciosa, impulsada por el profundo deseo de las nuevas generaciones de colombianos de criar a sus hijos en un país normal. Esa paz no podrá detenerla nadie. Otra cosa es el acuerdo que necesitan los burócratas para estar (irónicamente) en paz. Ese acuerdo llegará el día en que la dirigencia política abandone esa realidad paralela en la que habita. Nada nuevo bajo el sol. Es lo que sucede en el 99,99% de los países de Latinoamérica.

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Un editorial de What’s on FiRe no siempre está escrito por el editor. Muchas veces lleva la pluma de una persona destacada que prefiere mantener el anonimato. No estamos hablando del anonimato de aquel que tira la piedra y esconde la mano. Sino de la persona elegante que prefiere escribir por escribir dejando a un lado la vanidad. Así de romántico.

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