Una mañana de octubre de 1864, las calles de Buenos Aires aparecieron cubiertas de letreros. Letreros que enmarcaban una sola palabra. Misteriosa, indescifrable, desconocida. La palabra “Hesperidina” se multiplicó hasta el cansancio durante dos meses. Escrita en las veredas y en los cordones de las esquinas. Nacieron las más variadas explicaciones y especulaciones.

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La curiosidad creció y se extendió de tal manera que terminó contagiando a  cada uno de los 150 mil porteños que habitaban por entonces la ciudad de Buenos Aires. Un aviso publicado en el Diario La Tribuna el 24 de diciembre de 1864, en vísperas de Navidad, reveló por fin el misterio. El lanzamiento fue un auténtico suceso y logró que el público se abalanzara masivamente a los comercios para agotar en pocas horas hasta la última gota de Hesperidina, “el mejor y más original de los aperitivos”.

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Este pionero de las campañas integradas e inventor de la original bebida, era un joven norteamericano de nombre Melville. Su apellido también será con el tiempo una marca registrada: Bagley. Melville Sewell Bagley llegó al puerto de Buenos Aires escapando de la Guerra de Secesión norteamericana. Su primer empleo fue como ayudante de la Droguería “La estrella” ubicada en Defensa y Alsina y que era propiedad de la familia Demarchi. Allí comenzó a ensayar después de hora con las drogas y esencias de la primera botica de la Argentina. El improvisado alquimista obtuvo finalmente su fórmula magistral. Una bebida alcohólica en base a la corteza de unas naranjas amargas que crecían en el patio de su casa en Bernal. Un tónico que se propuso vender como “remedio salvador de todos los males”.

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El tónico hizo efecto primero en su inventor y lo salvó de la pobreza. El éxito de la Hesperidina fue inmediato. En la Guerra del Paraguay lo usaban como revitalizador de los heridos. El perito Francisco Moreno no iniciaba ninguna de sus expediciones sin un buen suministro del aperitivo. La Hesperidina fue aceptada por las damas de la sociedad porteña, que la consumían en espacios públicos. Entonces comenzaron a aparecer imitaciones de la bebida. Bagley convenció al presidente Nicolás Avellaneda para que se cree un Registro Único de Marcas y Patentes y la Hesperidina tuvo el honor de ser la patente nº1 en el registro de propiedad intelectual de la Argentina.

Bagley-fn4Foto vía: img.lagaceta.com.ar

La estrategia de Bagley para evitar las falsificaciones incluyó también la impresión de las etiquetas en la Bank Note Company de Nueva York y el diseño de un envase original con forma de barril varios años antes del icónico envase Contour de 1915 que identifica a la Coca Cola. Hace 150 años, en Buenos Aires, un inmigrante que hizo la América en su propio continente, inventó un aperitivo de fama mundial y una de las campañas publicitarias más ingeniosa de la historia.

Acerca del Autor

Andrés “Pirin” Maino

Andrés Maino (Pirin) . Nació en Rosario, ciudad de grandes artistas y creativos. Por ese motivo tuvo que exiliarse en Buenos Aires. Desde entonces se desempeña como guionista y autor en programas de televisión, documentales y largometrajes. Actualmente es CPF en FiRe de Argentina.

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