por Lenin Perez Perez. Hace 5 meses

Lenin Pérez Pérez. CCO de Eliaschev Saatchi & Saatchi. Galardonado en varios festivales publicitarios, ha cultivado la tradición creativa de la agencia a la que pertenece desde hace veinte años, y de la que es socio hace catorce. Comunicador social de Universidad Central de Venezuela, con diplomados en escritura creativa y narrativas contemporáneas dicta, en universidades y escuelas de creatividad locales, el curso de Escritura creativa para redactores publicitarios. En noviembre pasado, en España, Penguin Random House Mondadori editó el primer libro de la cuenta que lo hizo popular en twitter: @microcuentos. Sigue en Venezuela, convencido del futuro de la industria publicitaria y generando oportunidades que permitan que más jóvenes con talento creativo permanezcan en su país.

  • W.C. Nacer en una casa con sólo un cuarto de baño me salvó. Tanto como la lectura. Imaginen la escena: hijo lector deja al descuido sobre la tapa del trono los libros que son de su interés. Mamá y papá, cada uno a su tiempo,  matan el rato en que liberan su intestino asomados a pasajes alevosamente subrayados. Comprenden la idea. Entonces papá y mamá comienzan también a dejar los libros sobre la tapa del water. La familia encontró una rendija para decirse, en palabras ajenas, en qué andaban. Qué podía esperar el uno del otro. Sólo un detalle, papá y mamá no subrayan. Como ocurre en los cuartos de baño, quieren decirle al hijo que, cada quien es libre a su modo
  • Hércules sin sus tareas. Sin ánimos para atender al llamado del héroe y sumergido en esa resignación que se adivina en los ojos del hombre bala de cualquier circo. Así me siento cuando no me amanece una idea. Me importan, incluso las ocurrencias pequeñitas.  Esas  puntas insignificantes a los ojos de los demás, que den para un tuit, para una novela policíaca o un jingle pésimo. No es mala la idea si llega.
  • Ahora mismo, en medio del caos en el que se convirtió un país sin efectivo circulante, no hay espacio para el comeflorismo de las marcas, que auguran que un buen año está en puertas. La gran verdad es que terminamos el 2016 mucho peor que como lo comenzamos y sin una boya salvavidas a la vista. Venezuela es el capítulo oscurísimo de una distopía que ya encontrará quien la narre. Por ahora, con un salvador de la patria nos basta.
  • Todas las familias felices se parecen, las infelices lo son cada una a su manera. Eso lo escribió Tolstói en Ana Karenina y parece que sólo los propagandistas políticos comprendieron su escencia. Cuando llegue a los ojos de los gerentes de Coca-Cola, Nestlé y Kellog’s el mundo será más equilibrado. Estaremos a mano.
  • Sack, Oliver (1933-2015), me ganó con un libro que recomiendo busquen: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985). Desde el día en que murió repasé una vez más esas 24 historias clínicas realmente conmovedoras. Hay una que particularmente recuerdo a raíz de una experiencia traumática que sufrí este mismo año: un hombre comete un asesinato del que no recuerda nada. Un día tiene un accidente en bici y le vienen a la mente hasta los detalles más nimios. Entonces, perseguido por la culpa, intenta suicidarse al menos dos veces mientras estaba recluido. El caso es que recién, en una plaza pública, un poste de electricidad se vino abajo y me dio en la cabeza. Fue grave pero salí bien parado. Más de 50 puntos llevo desde entonces como una corona. Estoy ya muy bien, y mejor aún: no recuerdo haber cometido ningún asesinato. Tampoco he intentado el suicidio.
  • Octubre 4, ese día entró en una imprenta de Barcelona un libro en que trabajé todo el año. Como todo creativo publicitario que se precie, pese a que lo tenía bastante acabado una semana antes me ceñí al dead line que me impuso Penguin Random House Mondadori. El libro lleva el pomposo nombre de Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios, y es el resultado de una selección que hice de la cuenta en twitter @microcuentos que administro personalmente con relativo éxito, desde 2009. Son cien microcuentos, de los cuales cincuenta llevan maravillosas ilustraciones de Elizabeth Builes. Comparto uno de mis favoritos: Si no suena el teléfono soy yo. Ana Luelmo. Desde el 17 de noviembre se exhibe en todas las librerías. Ya tengo un libro donde llegar en España.
  • No llevo conmigo tarjetas de presentación. Algo tenía que tener de millennial.
  • Fuegos artificiales, eso son los premios en los festivales. Sólo sirven para guardarlos en la memoria como un momento mágico que compartiste con algunas personas que te importan. Es una incandesencia que da para una toma. Luego tienes que seguir. Y sí, es verdad, no dicen que tan bueno o malo eres pero me alegra ver las caras de mis hijos cuando llego con un reconocimiento de la industria bajo el brazo. Es el equivalente a cuando ellos llegan del cole con ¨sobresaliente¨. No más. No menos.
  • Inventario de mi mesa de noche: dos libros por comenzar, uno a medias; dos libretas moleskine: una para imitar a Fogwill y anotar los sueños apenas despierto, y la otra para apuntar cosas que nunca ocurrirán pero con las que constantemente sueño; dos chequeras que nunca uso; un reloj detenido hace muchas horas; una lupa que pudo haber sido de Pedro Joaquín Chamorro; cuatro billetes de 100 bolívares que no sé si a estas alturas de la República tienen o no valor; una carta en la que una amiga de la familia me pide ayuda económica para tratar el cáncer de su nieto; una llave que ya olvidé qué puerta abre; un pendrive que un homeless me regaló al salir de un bar y a cuyos archivos, por miedo, nunca me he asomado; el recibo de la última vez que compré mi marca favorita de whisky, y una foto en la que ya no me reconozco.
  • Reinventarse requiere menos valentía que seguir haciendo lo mismo todos los días. Hay que ver el coraje que hay que tener para enfrenterse a lo cotidiano de manera idéntica, una y otra vez, sin responder al impulso natural de salirse del cauce. Contrario al lugar común, pienso en quienes nunca cambian como estatuas andantes que se financiaron su propio homenaje, llevados en hombros hasta allí por otros igual de conformes.
  • Escribir es fundamental para entender, al menos en mi caso. Tomo notas obsesivamente de conversaciones con amigos, briefs, llamadas telefónicas, paseos, documentales y series. Al hacerlo, voy de palabra en palabra en un mapa libre en el que brilla finalmente algún tópico que me da una pista y me lleva hasta el lugar del cerebro que luego, en combinación con mi estusiasmo, habrá de convertir esa huella de información en algo original. Nada garantiza que esto último ocurra siempre pero me complace pensar que funciona. Escribo para leerme.

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Lenin Perez Perez

Lenin Pérez Pérez. CCO de Eliaschev Saatchi&Saaatchi. Galardonado en varios festivales publicitarios, ha cultivado la tradición creativa de la agencia a la que pertenece desde hace veinte años, y de la que es socio hace catorce. Comunicador social de Universidad Central de Venezuela, con diplomados en escritura creativa y narrativas contemporáneas dicta, en universidades y escuelas de creatividad locales, el curso de Escritura creativa para redactores publicitarios. En noviembre pasado, en España, Penguin Random House Mondadori editó el primer libro de la cuenta que lo hizo popular en twitter: @microcuentos. Sigue en Venezuela, convencido del futuro de la industria publicitaria y generando oportunidades que permitan que más jóvenes con talento creativo permanezcan en su país.

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