por Daniel Villalobos. Hace 11 meses

“Mi mamá dejaba todos los días un plato de loza amarilla servido en el centro de la mesa y un día con Martincito mi hermano, nos habíamos quedado con hambre y le preguntamos si no la podíamos comer y ella me dijo que no, entonces le pregunté por qué y ella me respondió “Si viene Dios a pedirte comida ¿Qué le vas a dar?” y yo entonces esperaba que viniera Dios. Un día vuelvo corriendo a casa de cuidar los chivos y veo a un hombre que está comiendo la comida, entonces voy corriendo y le digo a mamá: él no es Dios, entonces ella me preguntó, ¿Lo conocés a Dios? y yo le dije que no y ella me contestó, entonces él es Dios”.

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Margarita Barrientos es la fundadora del comedor social “Los Piletones”, Fue premiada con el galardón Mención de Honor “Senador Domingo Faustino Sarmiento a las mujeres destacadas argentinas por el Senado de la Nación Argentina en 2011, fue elegida “Mujer del Año” por la Cooperadora de Acción Social (COAS) en 1999 y nombrada Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2011 por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El 28 de marzo de 2014 fue homenajeada en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina por su trayectoria y mérito en la ayuda social.

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Margarita nació en Añatuya, Santiago del Estero. Su madre, que sufría Mal de Chagas y leucemia, un día fallece y su papá la abandonó junto a doce hermanos. Ella tenía 11 años y apenas tres de estudios. Prácticamente una analfabeta. Un hermano la montó en una mula trasladándola al pueblo más cercano, junto a una hermana de 9 años. “Martincito, (cuenta margarita) que era el que tenía decisión, nos dijo que teníamos que irnos, que él iba a conseguir un trabajo, que yo me tenía que ir a Buenos Aires a lo de un hermano.

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“Cuando llegué a Retiro había mucha gente, me acuerdo que lloraba, le pregunté a un hombre que había ahí, adónde era el tren que iba a José C. Paz. “Es ese tren. Cuando veas que hay un arco que diga José C. Paz, ahí tenés que bajar”. Yo venía esperando ver el arco y cuando lo encontré tenía una alegría enorme. Pero el tren seguía a tanta velocidad que no sabía que tenía que parar, y agarré y me tiré. Porque yo decía “¡Adónde me llevará!”. El tren iba rapidísimo y cuando me tiré me golpeé en el estómago y me tragué todos los dientes, me lastimé toda la cara, me quebré dos costillas, me rompí todas las rodillas, los brazos. Me llevaron al hospital y cuando me desperté vi a tres monjitas al lado de mi cama. Así llegué a Buenos Aires”.

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Fue así que junto a Isidro Antúnez, su compañero de toda la vida, frecuentó el Mercado Central en busca de “Algo que sobre”, para poder agregar algún plato y alguna persona más en su mesa. Y a partir de su humilde pobreza y de la rica sabiduría que le daba la vida, Margarita fue construyendo el Comedor “Los Piletones” de Soldati. “Empezamos dando de comer a quince niños y un abuelo. Era un galponcito de chapa, que de noche se convertía en la pieza de nosotros y de día se transformaba en comedorcito. Y yo con 10 hijos”.

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Se mantenía a raíz de lo que obtenía del cirujeo, sin tener ninguna entrada de dinero. Primero daba sándwiches, después sopas y cuando empezó a preparar comida más suculenta, se dio cuenta de que la cosa iría creciendo y de que iba a necesitar ayuda. Arengó a algunas vecinas y luego empezó a recibir ayuda de algunas pocas empresas y de la comunidad. “Si uno no es positivo, no se puede salir adelante” asegura.

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Luego vino la ayuda de Caritas, la visitó Amalita Fortabat, llegó la prensa, los almuerzos en lo de Mirtha Legrand. Se hizo famosa desde su humildad. Siempre compartiéndola. Se hizo devota y creyente de la Madre Teresa de Calcuta, a quien venera como si fuera una Virgen. Hoy la “Fundación Margarita Barrientos” cuenta con un comedor con desayuno, almuerzo y cena para más de 1500 personas, niños y ancianos.

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Hay una guardería de chicos, un centro de salud con ginecología, pediatría, clínica médica y atención odontológica. También funciona una panadería, una biblioteca, una sala de computación y un hogar de día para los abuelos. Y en el futuro, escuela de carpintería, huerta, espacios recreativos y ampliación del centro de salud. Todo esto con el aporte de particulares, instituciones y un subsidio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Margarita es una flor.

Acerca del Autor

Daniel Villalobos

Publicitario. Trabajó en varias agencias de Buenos Aires para marcas internacionales. Actualmente es redactor en FiRe Argentina.

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