por Diego Roselló. Hace 3 meses

Hombre y homosexual probablemente sean condiciones antropológicas, de una antigüedad indeterminable; mientras que gay es una condición contemporánea, cuya génesis consagratoria podría situarse en Hollywood en los años 30, donde gay era sinónimo de alegre, divertido, musical y chic; por ejemplo Fred Astaire, bailando en un penthouse estilo art decó. Para el vocabulario snob de aquel tiempo, “gay” era aquello que hoy puede llamarse cool, y gays eran, en el mundo del cine, aquellos vestuaristas, coreógrafos y compositores entre otras especialidades del cine, homosexuales (o bisexuales) generadores y portadores de alegría, diversión y charme.

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El concepto de orgullo gay, todavía no existía. Un orgullo que a pesar de la imagen proyectada en los desfiles de las grandes ciudades, no se trata de subirse a un camión con acoplado disfrazado de cupido con cola less, sino de poder estar orgulloso de ser persona, de ser humano, más allá de la identidad sexual o de género en cualquiera de sus combinaciones.

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Mientras este concepto de #orgullogay o #gaypride se gestaba, a mediados del siglo XX se instalaría un régimen de méritos satisfactorios para el mundo heterosexual que cubría la supuesta perversión de ser “invertido” y brindaba un pasaporte hacia la aceptación social.

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A mayor integración social de los gays, mayor oferta dirigida hacia ellos. Numerosas marcas sobrepasaron la barrera moral sobre la homosexualidad para normalizarla en formato gay multicolor, a punto tal que existen marcas que desarrollan productos pensando esencialmente en hombres gays.

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Aussiebum es una marca de trajes de baños y ropa interior para hombre cuyas prendas suelen promoverse en fotos de modelos musculosos, sin pelo en pecho y con un “equipaje” que pagaría multa en cualquier aerolínea. La marca hoy ofrece un mix aspiracional para el gay internacional: buen cuerpo, buen paquete, y por ende buena vida. Un combo que se entrega en cualquier parte del mundo a través de una tienda online en cuatro idiomas que acepta pagos en diecisiete monedas diferentes. Más gay, internacional y marketinero, echale brillantina.

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Acerca del Autor

Diego Roselló

Empecé en Publicidad a los 31 años como Cuentas, en digital y en el conurbano bonaerense. Ahora tengo 39, soy director de contenidos que incluyen offline, y estoy en Palermo. Desde varios puntos de vista, voy a contramano. Si me piden credenciales, les doy el carnet de la prepaga y el del club, todo lo demás, se charla cara a cara, o chat to chat.

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