por Redacción . Hace 11 meses

La mejor publicidad es la opinión de los usuarios. La máxima parece no aplicar en todos los casos. ¿Qué sucede cuando en realidad esos elogios son tu peor publicidad?. Cada tanto las imágenes recorren el mundo. Son caravanas que atraviesan el desierto. No son beduinos en camellos. Ni documentales de NatGeo. Son hileras interminables de camionetas Toyota Hilux. Acciones propagandísticas del Estado Islámico para viralizar sus amenazas. Las autoridades de Estados Unidos lanzaron una investigación para determinar por qué el ISIS utiliza tantos vehículos Toyota. Las ventajas son evidentes. Son fáciles de mantener y de adaptarles implementos como porta misiles y fusiles. Además consumen poco combustible, son resistentes y muy veloces comparadas con los tanques de combate.

isis-fn1Foto vía: k31.kn3.net

Más allá de la nefasta publicidad y de que el asunto no forma parte de la voluntad de la marca, subyace también un mensaje contundente: “si las Toyota soportan todo, incluso estas condiciones extremas, imagínate lo que sucede cuando transitan por las calles”. Como era de esperar, desde la automotriz japonesa contestaron que tienen una estricta política de ventas que excluye a delincuentes y a grupos que puedan utilizar sus vehículos para actividades terroristas o paramilitares. Sin embargo, aclararon que nada pueden hacer si esas unidades fueron robadas o secuestradas cuando salieron del concesionario. Nada nuevo bajo el sol de Medio Oriente.

isis-fn2Foto vía: 4.bp.blogspot.com

En Argentina, por citar un caso tristemente cercano, los usuarios definían al Ford Falcon como “un fierro, que tiene un baúl enorme”. Quizás por eso fue el auto preferido de la dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 para secuestrar personas. Uno de los autos más elegidos por los argentinos, pasó a ser el transportador oficial del terror. Es así que durante los 7 años nefastos de la dictadura, el Falcon fue utilizado por los servicios secretos para secuestros y traslados de personas entre centros de detención clandestinos. Qué se hubiera imaginado una automotriz americana, que eligió a la Argentina para instalar la segunda planta de producción fuera de los EE.UU en el mundo, que el Falcon se convertiría en un símbolo de la represión de la dictadura. Otro asunto que nada tiene que ver con estos casos extremos es la segmentación que intentan hacer las marcas con sus productos y que pueden tomar otro rumbo por modas o circunstancias sociales.

 En 2012 un rumor se instaló con fuerza en la opinión pública argentina. La noticia decía que la firma Lacoste le habría ofrecido dinero a los integrantes del grupo de cumbia “Los Wachiturros” para que no usen sus productos. La denuncia nunca se hizo efectiva pero las acusaciones y los descargos inundaron los portales y programas de espectáculos. La polémica se extendió más allá de la frontera y llegó hasta el viejo continente. Tómense unos minutos y vean el informe del programa de TV emitido en la Sexta de España, que realizó una parodia del conflicto. Pareciera ser que, a veces, las virtudes son el propio castigo.
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